Los espacios de tránsito y de quietud necesitan ser relatados con la certeza de quien se sabe habitante casual, pasajero, paseante, observador.
Los espacios cotidianos, enfermos de tranquilidad pero también de prisas, son una tela que a veces deja pasar la luz. Y es ahí, entre las fallas del tejido, donde Daniel Acevedo, autor de este nuevo título de la colección Malas Tierras de Suburbia Ediciones, se narra, con la humildad de los contadores de historias que nada esperan sino contar historias.

Cadáveres de insectos es una película en Super8 sobre carreteras que jamás nos acercan a ningún sitio, matojos secos, sillas plegables y una caravana, estaciones encadenadas al plano urbano, rincones que huelen al cojín viejo donde quisiéramos haber tocado una canción. Seis partes sobre el papel, seis paradas en el trayecto, que recogen poesía limpia, sin el lastre del narcisismo perverso, mal endémico de tantos.

Daniel, que gana impulso en los poemas breves, tensa todas las cuerdas sin aturdir con ficciones y ecos innecesarios. Se muestra a la oscuridad, como quien desespera sin aspavientos, consciente de la obligación autoimpuesta de reelaborarse, retomando la idea de camino: no evita sino que acomoda, en su espalda – en los versos -, el dolor y la duda para plantarle media sonrisa a la vida.

Cumpleaños.

Treinta años sobre la tierra
para aprender a perdonar a los mosquitos
que se llevan la sangre
que dejan el veneno.


Pueden disfrutar del viaje asomados a la ventanilla, manteniendo la distancia para no sentir demasiado. O pueden respirar las palabras de Daniel Acevedo, limpiar dolores con ellas y mirar hacia atrás más sabios.

Hay todo un mundo en las alas de una mariposa nocturna. Él lo cuenta en cuarenta y tres poemas.

Mensaje de muerte

Un ciervo volador seco
sobre la mesa de campo
a la hora del desayuno
mensaje de la muerte
“todo es finito”
grabado sobre su oscura y dura armadura


9788494547911

Daniel Acevedo. Imagen, Laura Meixús.

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